sábado, 29 de noviembre de 2008

2ª Etapa. Udaipur

Hemos amanecido muy temprano, a las seis de la mañana ya estamos levantados y con toda la ilusión del mundo por ver el amanecer.
El día despierta tranquilo, no hay viento, no hay nubes, a estas horas ni siquiera hace calor, parece que el tiempo se ha detenido.
La primera imagen que tenemos es la que percibimos desde la ventana de nuestra habitación. Estamos justo en frente de la ciudad antigua, solo el agua nos separa. El sol sale justo por detrás de ésta, por lo que nuestra visión de la ciudad se reduce a la silueta de las torres y cúpulas de los palacios sobre el fondo anaranjado-rosáceo del cielo.
La quietud es total, el graznido de los cuervos es lo único que nos recuerda que lo que tenemos ante nosotros es una visión real. Sacamos varias fotos desde la misma ventana mientras el cielo cambia a tonos de naranjas mas encendidos. La sensación allí es que parece que si cierras la ventana todo va a desaparecer.
Tras un rato contemplando una de las visiones mas bonitas que recuerdo. Nos empiezan a llegar unas voces a lo lejos, difíciles de comprender en su contenido, pero fácilmente identificables como enérgicas por su tono… ¡ah si, debe ser el rodaje de la película que nos comentaron anoche!
Sin perder un minuto nos cambiamos de ropa y bajamos a la terraza del hotel. En la zona de los ghats hay un ir y venir de personas, entre las que sobresalen las mujeres con sus coloridos saris. El director con su megáfono, no deja de dar órdenes para que entren los personajes, cambien los encuadres de cámara, etc.
Mientras yo me siento en la terraza aprovechando los primeros rayos de sol, aún benévolos, Raúl se interna en la multitud para captar imágenes del rodaje. Me acompañan un montón de ardillas que corretean por el suelo y trepan por los árboles, nunca las había tenido tan cerca.
Desde lo lejos, solo vislumbro un incesante ir y venir de personas: grupos de mujeres y niñas, los protagonistas (que mantienen cierta distancia con el resto y por eso son fácilmente identificables), Shadus, lavanderas, hombres aseándose… Poco a poco, mientras sigo la escena, me doy cuenta de que estos últimos no pertenecen a la película, simplemente realizan sus actividades cotidianas. ¡Es impresionante!
Desayunamos junto al lago y salimos, antes de que llegue Mahendra a recogernos, de nuevo hacia los Ghats. Nos explican que se han tomado un descanso en el rodaje para comer y ahora está todo mas despejado.
Mientras caminamos hacia las escalinatas, los integrantes del equipo de la película nos sonríen, nos saludan, nos dan la mano… Al llegar, me siento en un escalón, a una distancia prudencial de la gente para observar sus movimientos. Las dos mujeres lavanderas nos animan a acercarnos a ellas. Una vez allí nos explican como lavan la ropa: se moja en el lago, se pone en un poyete de piedra junto a los escalones, frota con una pastilla de jabón y se la golpea con una especie de mazo de madera para extraer la suciedad. Al lado, un niño se baña, ríe… Un grupo de hombres efectúa su aseo diario, se lavan, se limpian los dientes con el mismo agua del lago… Los Shadus, fumando, contemplan la escena sentados unos escalones mas arriba. La conversación con las mujeres continúa, me preguntan la edad, si trabajo y si tengo hijos.
Les digo que me esperen un momento, que vuelvo enseguida. Vuelvo al hotel lo más rápido posible y cojo dos barras de labios para ellas. Cuando vuelvo al lago y se las doy, me contestan con una sonrisa y un abrazo. Se ponen sobre la cabeza los recipientes donde trasladan la colada y vuelven a casa.
Entre tanto, son las 9 de la mañana. Mahendra, puntual, nos espera junto a su coche para comenzar el primer día de viaje junto a él. Salimos en dirección al “Jardín de las doncellas”. El trayecto nos sirve para contemplar la vida de día, un ir y venir incesante de vehículos se cruzan con nosotros. A veces sin prestar intención y otras tratando de avistar quien va en el interior del coche para cruzar una mirada y una sonrisa con nosotros.
Bordeamos el lago y paramos ante la entrada del parque. Esta primera no fue una visita especialmente destacable. Es un jardín del siglo XVIII del que disfrutaban en sus paseos las damas de la corte. Posee una fuente en su centro rodeada por esculturas de elefantes. Aquí, una vez mas, hay numerosas ardillas junto a nosotros. Al fondo del reciento había una especie de museo sin nada mencionable. Anduvimos un poco por allí y salimos.
En el exterior una niña mendiga se nos acerca, no creo que tuviese mas de 6 añitos, estaba sucia, vestida con harapos y nos pide dinero mientras su madre nos contempla en la distancia. Nos acercamos a un puesto cercano y le compramos unos paquetes de galletas. En lo que subimos de nuevo al coche y arrancamos la vemos, junto a varios niños mas, comiéndoselas.
Le comentamos a Mahendra la posibilidad de ir a ver los Cenotafios de Ahar y nos dice que si, que no hay ningún problema. Los cenotafios son unas construcciones de mármol erigidos como homenaje a los Maharajás de Mewar tras la muerte de estos.
En la puerta nos recibe un personaje, Ravi Kumar, que nos informa de que la entrada es gratuita y esta prohibido hacer fotos, pero que si queremos hacerlas deberemos dar una “compensación económica” al vigilante del recinto y no habrá mayor problema. Accedemos a la petición y pasamos.
Ya en el interior, Ravi nos explica que él ha heredado su profesión, ya que es una profesión familiar que se sucede de padres a hijos. Nos explica que el conjunto de cenotafios, unos 250, ha ido construyéndose paulatinamente a lo largo de 350 años Diecinueve de ellos pertenecen a Maharajás incinerados allí mismo.
Es en este punto cuando comprendemos la labor de nuestro guía, él esta allí porque es el incinerador actual en Udaipur. Nos explica que normalmente el funeral transcurre a lo largo de tres días, que es el tiempo que tarda en consumirse el cuerpo en la pira funeraria, generalmente realizada con bambú.
Las familias llevan al fallecido hasta allí y lo depositan en una plataforma de piedra destinada a tal uso. Una vez realizado el ceremonial de la cremación y encendida la pira funeraria, éstos se van dejando a Ravi a cargo del fallecido. En casa ponen una foto del mismo en una especie de altar en el que encienden velas, rezan y depositan ofrendas para asegurarle un camino seguro hasta su próxima reencarnación.
Una vez reducido a cenizas el cuerpo, se las entrega a los familiares para que las depositen o esparzan donde consideren oportuno.
Ravi continua la conversación con nosotros mientras paseamos entre los cenotafios. Nos sube al mas importante, el del Maharajá Amar Singh que reino entre 1597 y 1620. Allí nos enseña en su centro, bajo la enorme cúpula de mármol, un pequeño monumento erigido al acto llevado a cabo por las “sati”, esposas del Maharajá, a la muerte de éste.
Sati era la esposa de Shiva. Ésta, se convirtió para el hinduismo en “mujer honorable” cuando, a la muerte de su esposo, se inmoló arrojándose a la pira funeraria de éste.
Las doce mujeres de este Maharajá, y de muchos otros en la antigüedad, llevaron a cabo el mismo acto. Ravi nos explica que aunque hoy en día está prohibido, en aldeas recónditas sigue realizándose este ritual por parte de algunas mujeres.
En este punto pasamos a una conversación mas trivial y Ravi bromea diciéndonos: “Doce mujeres, doce problemas”.
Nos cuenta que está casado. Le preguntamos por su matrimonio y nos dice que es un “arrangement married”. El suyo es el tradicional matrimonio que se celebra en India tras el acuerdo de las familias dentro de una misma casta.
En él los novios no se conocen, normalmente, hasta el día de la boda. Cuando la familia de la novia cree encontrar al candidato para su hija, la madre va a casa del novio y pide referencias del chico. En el caso de Ravi, su suegra fue a su casa y la madre de éste le comentó que su hijo era buen chico, trabajador y que no se emborrachaba. Tras ello su madre fue a casa de la chica para comprobar que sabia cocinar y que mantenía la casa limpia y ordenada. Una vez realizadas las comprobaciones pertinentes por parte de las madres de ambas familias, llegan a un acuerdo respecto a la dote que la novia debe presentar a la familia del novio y se acude al Brahmán para que designe el día propicio en el que celebrar la ceremonia.
Ravi nos pregunta como es el matrimonio en España. Le explicamos que aquí cada uno elige libremente con quien va a casarse, sin intermediación de las familias. Su cara lo dice todo, no lo puede creer… tanta pesadumbre demuestra que le pregunto ¿Eres feliz? Me contesta: En un principio no, es duro porque no sabes nada de la otra persona, sus gustos, su manera de ser. Es necesario al menos seis meses para conocernos el uno al otro. Ahora si estoy contento con la esposa que me ha tocado.
La conversación deriva al tema de la dote. Me pregunta que qué aportó mi familia para mi. Cuando le digo que en España no existe esa costumbre vuelve su cara de incredulidad. Nos explica que, en su caso, al haber fallecido su padre él es el responsable de facilitar la dote a sus tres hermanas. Agobiado nos dice: Tres frigoríficos, tres cocinas, tres radios… mucho para una sola persona, muchas horas de trabajo para poderlo pagar.
Nos impactan muchísimo sus reacciones al conocer detalles de nuestra vida. Hablamos de lo que comen, de la cesta de la compra para un mes en su familia y en la nuestra, de un postre que su madre hace los domingos… Cuando comienza a decirme los ingredientes me doy cuenta que se refiere a lo que aquí conocemos como “arroz con leche” se apasiona cuando le ayudamos a enumerar todos los ingredientes y ve que coinciden.
Pasamos mas de una hora hablando con él en una conversación que recuerdo con mucho cariño. Nos dice que le ha encantado hablar con nosotros ya que por su condición de Shudra (miembro de la casta mas baja por estar en contacto con los cadáveres) la gente no quiere relacionarse con él. Si durante una ceremonia de cremación algún familiar del fallecido se roza con él corre a casa a lavarse para no convertirse en un ser impuro. Su mirada en este momento es de desesperación, se remanga la camisa y nos enseña su muñeca diciéndonos: ¿Por qué?... misma piel, misma sangre dentro de nosotros.
Terminamos la visita dándonos un abrazo, nos hacemos una fotos con el para enviárselas por correo y le damos una merecida propina para ayudarle.

Volvemos al coche y esta vez nos encaminamos al Palacio de la ciudad. Es el mayor de la región de Rajasthan. Se compone de varios patios y edificaciones de piedra coronadas por torres y cúpulas, levantadas a lo largo de los siglos por diversos Maharajás, que mantienen una unidad arquitectónica en su conjunto.
Se accede por la Puerta de Tripolia (año 1725) a un gran patio al que dan las terrazas de sus numerosos edificios. A la izquierda de este patio, se erige una arcada formada por siete arcos con vistas a la ciudad, que conmemoran las siete veces que los Maharajás repartieron su peso en oro entre su pueblo. En el interior del palacio pueden contemplarse diversas exposiciones de arte Rajasthani y utensilios de la época.
Prolongamos la visita durante unas tres o cuatro horas y a la salida realizamos las primeras compras en la zona de Lal Ghat. Tanto en la calle principal como en las adyacentes se enraciman numerosas tiendas con artesanos del cuero, papel, telas, joyeria, … un placer darse una vuelta entre ellos. Aunque cada uno intenta ofrecerte su mercancía lo hacen siempre con una sonrisa y mucho sentido del humor.
Bajamos por Battiyanni Chohtta Road al encuentro de Mahendra. En el camino, como ya es habitual, la gente nos detiene para hablar; vemos al primer elefante realizando trabajos de transporte en la calle, es una sensación indescriptible. Pese a la marea de gente a nuestro alrededor y el aspecto de las calles por las que transitamos, la sensación de seguridad entre esta gente es total.
Encontramos a Mahendra y nos lleva a la otra zona del Palacio, la ocupada por el Museo del Gobierno y por dos hoteles de lujo. Allí nos explica donde debemos coger el bote que nos lleve a través del lago a la isla de Jaghmandir. Para hacer tiempo caminamos por los patios de los palacios y nos invitan a entrar a los hoteles para contemplar la grandiosidad de su arquitectura. Como es lógico, ante tanto que ver, nos despistamos con la hora y perdemos nuestro barco. Salimos lo mas rápidamente que podemos en dirección al embarcadero con miedo de que no hayan mas, pero si, tenemos suerte y solo tenemos que esperar media hora.
Nos sentamos en una terraza sobre el lago, donde hay unas enormes mesas de piedra, que esta vacia. La calma es absoluta y las vistas sobre el lago al atardecer inolvidables. Tan solo nos acompaña, de nuevo, el graznido de los cuervos y, a lo lejos, un par de barcazas en el lago.
Al fin llega nuestro turno y embarcamos a la hora prevista. El paseo es precioso. Los edificios que componen el palacio reflejan el sol del atardecer y ahora son naranjas; a medida que nos alejamos de ellos y los podemos contemplar en su conjunto aumenta la sensación de irrealidad que ya hemos sentido antes.
Llegamos al Jaghmandir donde nos espera un palacio erigido en 1620 en el que, según dicen, el Emperador Sha Yahan se inspiró para construir posteriormente el Taj Mahal. La isla está flanqueada por una serie de elefantes de piedra y junto a ellos, en la terraza, nos tomamos un Banda (un batido de almendras) y contemplamos el atardecer y la iluminación de la ciudad de noche. Sacamos fotos y volvemos, solos en el bote, a reencontrarnos con Mahendra.

El calor y la humedad hacen que el día se vuelva agotador. Estamos muy cansados y le pedimos que nos deje en el hotel. Queremos volver a cenar allí para disfrutar por última vez de las vistas que nos ofrece.
Al llegar al hotel un chico nos invita a ver su tienda. Le decimos que después de la cena iríamos a dar un paseo por allí así que, tras terminar nos, internamos en la ciudad dando un paseo nocturno y ahí está esperándonos… ¡Como no!
La tienda en cuestión es una escuela-taller de miniaturas de pintura. Nos explican que tradicionalmente se pintaba en seda o en marfil, pero que actualmente está prohibido hacerlo en marfil y continúan desarrollando la técnica en plástico. La manera de hacerlo es con pinceles confeccionados con un solo pelo de ardilla. La precisión es importantísima puesto que es casi imposible corregir un trazo erróneo.
Nos sentamos y nos hace una demostración, nos enseña los pigmentos naturales antes de diluir y nos presenta diferentes trabajos. Mientras, un ratoncillo corretea entre nuestros pies, sinónimo de buena suerte según nos dicen todos rápidamente.
Compramos una miniatura y continuamos con él la conversación. Como ya nos ha sucedido antes, hablando de nuestras vidas, costumbres, etc. Nos lleva a la tienda aledaña, también de su familia, en la que se dedican a la venta de ropa. Tienen telares y nos enseñan diversas piezas encargadas por firmas comerciales ampliamente reconocidas en occidente por las que reciben una miseria de dinero.
Aunque hoy pensábamos acostarnos pronto para descansar, volvemos a pasar casi dos horas de conversación con estos chicos. Es tardísimo, así que volvemos al hotel con los cuerpos cansados pero con una sensación genial en el espíritu.